Ascensión al Montblanc (4.810 m) por la Ruta de los Cuatromiles y descenso por Gouter

Por • 9 Oct, 2018 • Sección: Mis Excursiones

Tras unos cuantos meses de planificación y estudio, varios días de aclimatación, seguimiento de los partes meteorológicos de los últimos días y… muchas ganas e ilusión, llega por fin el momento de la verdad, atacar la cumbre del Montblanc.

Ha sido mucha la incertidumbre sobre la normativa para la ascensión al Montblanc: material obligatorio mínimo para su ascensión (del cual no estamos preocupados ya que lo llevamos), reserva obligatoria en el refugio de Goutier (la cual hemos solventado cambiando la vía Normal por la de los Cuatromiles) y, finalmente, la prohibición de la ascensión por el estado del Gran Couloir o “La Bolera”.

Tras la cena en el refugio de Cosmiques, a la hora de pagar la estancia nos preguntan a dónde vamos al día siguiente. Decimos que al Montblanc y los guardas nos indican que debemos descender por el mismo itinerario, ya que la ruta de Gouter está cerrada. Se “prohíbe” el acceso ya que el día anterior hubo un gran desprendimiento en la bolera con varios rescates, además de que el cable que hay para cruzar al otro lado está arrancado.

Nuestra idea de realizar la ruta lineal se pone en peligro. Con esta información, decidiremos dejar ropa sucia y algo de material que no vamos a utilizar para recogerlo en el descenso, pero sobre la marcha cambiaremos los planes y en la misma cima del Montblanc, decidiremos seguir con nuestros planes iniciales de bajar por Gouter, ya que la poca gente que ha salido delante de nosotros no ha vuelto por el mismo sitio y lo que nos tememos es que están tratando de disuadir a toda costa a los montañeros para evitar la bolera y la masificación del refugio. Finalmente fue así, en el descenso al refugio de Gouter, éste estaba semi-vacío de ocupación. La gente que subía por la bolera decía que no pasaba nada, que había sirga en perfecto estado y nadie controlaba lo del “material obligatorio”. Incluso vimos a un corredor de montaña en la arista de Bosses en pantalón corto y con mochila de ataque. Lo que sí recomendaban era pasar la bolera antes de mediodía, pero de ruta cortada, nada. Vamos, que seguro que hubo algún rescate porque alguien tuvo la mala suerte de que le cayera una piedra (o muchas), pero todo un bulo con el afán de disuadir, seguramente por el abarrotado estado del refugio.

Finalmente, cumplimos nuestro propósito de iniciar la marcha en el Aiguille du Midi, aclimatar con el Tacul y una travesía por el Vallee Blanche viendo grietas y grandes bloques de seracs (motivos por los que recomiendo la ruta de los Cuatromiles) y disfrutar de un espectacular tramo de escalada en hielo hasta el Collado Maudit para coronar el Montblanc y descender por la arista de Bosses, el refugio de Goutir y el paso de la Bolera, dejando de largo el refugio de Tete Rousse y llegando hasta la estación de tren de Nid d´Aigle. En fin, una ruta preciosa que permite recorrer la montaña de lado a lado.

Fecha de realización: 6 de agosto de 2018
Distancia: 20 km.
Duración: 15 horas
Desnivel acumulado: +1.800 m. -3.000 m.
Descargar track

Empezamos a caminar a las 2.30 a.m. con lo cual, toda la ruta de subida de las faldas del Tacul se hace con luz de los frontales. Nos fue muy útil aclimatar el día anterior en el Montblanc du Tacul, ya que nos permitió conocer todo ese tramo con luz del día. Como ya está explicada en esta otra entrada, no voy a explicar nada de esta parte de la ruta aquí. Amanece en el momento de iniciar el tramo de ascenso a la brecha Maudit, donde casi me dedico más a grabar vídeos para editarlos que a hacer fotos. Después del vídeo, empezaré con la descripción de la ruta.

1, 3, 5 y 7 de la mañana. Esos son los horarios de los desayunos en el refugio de Cosmiques. Sobra decir que para subir al Montblanc, hay que coger el de la 1. A las 9 de la noche, con suerte, puedes estar durmiendo, así que si tienes la mochila organizada de la tarde anterior, puedes dormir como mucho unas cuatro horas. Desayunamos abundantemente y con calma. A las 02.30 a.m. empezamos a caminar, somos los últimos de cuatro cordadas. Vamos muy poca gente por esta ruta a pesar de que la previsión meteorológica es buenísima, hasta que lleguen las habituales tormentas de las tardes. Iniciamos el descenso del refugio al gran plateau, donde vemos a unos veinte minutos de ventaja, al resto de hileras de frontales en las empinadísimas rampas de la cara N del Tacul. Subo yo primero marcando un ritmo pausado y tranquilo, más cómodo y constante que el de Jesús. Superamos la primera rimaya por la escalera fija, igual que lo hicimos ayer, a diferencia de que hoy lo hacemos con frontales. Las siguientes rampas también son muy empinadas y las luces de Chamonix ya son constantes a nuestra derecha. Me da una sensación de vacío increíble. Se cómo son las laderas de empinadas, la cantidad de rimayas que hay y que el glaciar de Bossons está bajo nuestros pies. Ver el color de la nieve desaparecer tras la luz del frontal y las luces del pueblo como colgado en medio del vacío, me produce una especie de vértigo que no puedo mirar. Le pido a Jesús que pase hasta el hombro del Tacul, superamos el resto de rimayas mientras yo voy mirando únicamente al suelo para no levantar la vista hacia las luces.
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Desde el hombro, iniciamos un ligero descenso hacia el collado Maudit. Seguimos la huella hasta a una rimaya con una brutal pendiente hacia Bossons. Comienza a amanecer, con vistas al Montblanc du Tacul y el coll Maudit. Son momentos mágicos por la belleza de la ruta, esto no son Pirineos.
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A lo lejos se aprecia la punta del Cervino asomar. Tirando de zoom. Es momento de disfrutar de las vistas del amanecer.
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Desde la base de la primera rimaya (que se supera por la derecha), muy expuesta hacia el glaciar de Bossons, se aprecian las rampas heladas a la brecha Maudit.
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Tras bordear la primera rimaya y ganar altura, sale completamente el sol. Empezamos el primer largo, en diagonal a la brecha Maudit.
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Jesús toma las riendas y sube el primer largo. Yo sigo de segundo asegurado.
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Tal cual llego a la primera reunión, continúo de primero el segundo largo, asegurado desde abajo. Hay cuerdas fijas con nudos intermedios, por las que pasamos los cabos de anclaje para mayor seguridad. La verdad es que a pesar de la pendiente y de no haber escalones, se sube bastante bien con los dos piolets. Podíamos haber subido en ensamble, con un machard a la cuerda fija, o con un piolet en una mano y la otra agarrada a la cuerda sin más, pero realizar estas maniobras de aseguramiento encordados en estas altitudes da un plus a la ruta y unos recuerdos difíciles de olvidar.
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En esas rocas intermedias está montada la segunda reunión, desde la que aseguraré a Jesús.
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Cuando monto la reunión, comienza a ascender Jesús el segundo largo. Apenas hago fotos ya que grabo en vídeo. En que llega hasta mí, sigue de primero asegurado el tercer largo hasta la brecha Maudit. Monta la reunión y comienzo a subir yo el tercer largo. Debajo de mí y a la izquierda, se ven las rocas donde se monta la segunda reunión.
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Nos ha costado hora y media superar el tramo más técnico de la ruta, el acceso a la brecha Maudit por las cuerdas fijas. Progresar asegurados nos ha hecho perder mucho tiempo, cuando habernos agarrado a las propias cuerdas con una mano o ir con un machard nos podía haber llevado nada más que media hora. Pero estamos satisfechos y el recuerdo en la retina será para siempre. También ha ayudado la soledad que se respira, al no sentirnos presionados por nadie a nuestros pies, en una zona en la que es habitual que puedan formarse atascos tanto de subida como de bajada. En la brecha Maudit volvemos a encordarnos y flanqueamos la expuesta ladera hasta el collado de la Brenva, donde paramos a comer y reponer fuerzas, contemplando los últimos metros de subida a la cima. Ahora sí, a pesar de que quedan 500 interminables y agotadores metros, con un 65% de oxígeno en el aire, estamos convencidos de que la cumbre no se nos va a escapar.
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El tramo final es muy sencillo, con pendientes suaves y la única complicación de encontrarse a una altitud moderada y escaso oxígeno. Se nota que cuesta avanzar, a mí personalmente se me hace eterno. A pesar de todo, no sufrimos mareos, vértigos ni ningún efecto secundario del mal de altura. Pasito a pasito nos encaramos hacia la cumbre.
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Y tras ocho horas y cuarto (10:45 a.m.) llegamos a la cima del Montblanc (4.810 m). No cabemos de alegría, estamos en el techo de los Alpes, casi en solitario y con una meteo espectacular, a pleno sol. No vamos de manga corta porque en nieve no se debe de ir que si no, lo estaríamos. Ni una gota de viento, ni una pizca de frío, no nos lo creemos.
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Compartimos cima con una pareja de japoneses que, increíblemente, apenas llevan material. La única mochila que llevan es de la cámara reflex y traen un taburete para sentarse. Pensábamos que habrían subido en helicóptero, que son constantes sobrevolando clientes a la cima, pero bajaron por la arista después de nosotros. El caso es que nos intercambiamos fotografías y contemplamos nuestra trayectoria de ascensión.
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Nos quedaríamos el día entero disfrutando, pero si queremos llegar hasta Chamonix no podemos perder más tiempo. Son las 11:30 y a las 18 h sale el último tren por Gouter y el último teleférico del Aiguille de Midi. Valoramos ambas opciones y viendo que todo el mundo ha continuado hacia Gouter y que los japoneses han subido desde allí, decidimos seguir nuestra ruta lineal, iniciando el descenso por la arista de Bosses.
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Algún punto de la arista es bastante estrecho pero se desciende muy rápido dirección al vivac Vallot.
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Llegamos al amplio col du Dome du Gouter y seguimos descendiendo a ritmo vertiginoso.
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En dos horas llegamos al refugio de Gouter (3.800 m), el cual nos encontramos casi vacío. Preguntamos el estado de la Bolera y nos informan que recomiendan no cruzarla a partir del mediodía, pero que sí que hay sirga de un lado a otro. Vemos subir grupos de montañeros y nos indican que no hay ningún problema. Descansamos media hora en el refugio, compramos agua y a las dos de la tarde, decidimos continuar con el descenso. Debemos ir muy rápido para descender todavía 1.500 metros más y llegar a coger el último tren.
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Muy cerca del nuevo refugio, se encuentra el antiguo, donde nos desencordamos y recogemos el material. Con la mochila a tope, iniciamos el descenso por la arista de Gouter.
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Todo el primer tramo está equipado con sirgas por las que se desciende bastante bien.
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Todavía siguen subiendo grupos de montañeros hacia el refugio.
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La segunda parte del descenso se realiza por trazas de senda que va recorriendo el espolón.
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Llegamos al famoso y temido paso de la Bolera, donde sí que es cierto que no para de haber desprendimientos de piedras, algunos más fuertes que otros. Nos aseguramos a la sirga por medio del cabo de anclaje del arnés. La técnica para cruzar es muy sencilla: en el momento en que desde lo alto no se oye el ruido de ninguna piedra cayendo, cruzar a toda velocidad. Se trata de un tramo lineal de unos 50 metros, recomendable asegurado al cable de acero, ya que pendulea muchísimo (tanto Jesús y yo dimos un vuelo cada uno) y la pedriza hace que no haya senda trazada.
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¡Estamos salvados! La mitad de accidentes del Montblanc se concentran en este punto y en el descenso. La verdad es que nos quitamos una preocupación y un gran peso de encima. En escasos cinco minutos, llegamos al nevado glaciar de Tete Rousse. Son las cuatro y cuarto de la tarde y nuestra gran preocupación ahora pasa a ser seguir descendiendo a toda velocidad, así que ni pasamos por delante ni paramos en el refugio de Tete Rousse.
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Nos hacemos un poco de lío a la hora de encontrar el inicio de la bajada desde el refugio y nos entran los nervios. Sacamos GPS y seguimos track hasta dar con la senda. Desde 3.167m hay que descender hasta 2.360. Son unos 800 metros y nos queda hora y media de margen. En condiciones normales lo haríamos, pero ya llevamos 14 horas de marcha…
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Gracias a que la senda está en muy buenas condiciones, bajamos a un ritmo vertiginoso. Al fondo ya vemos el glaciar de Bionnassay. Más abajo está el refugio de Nid d´Aigle.
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Por fin y finalmente con 10 minutos de margen, llegamos a tiempo a la estación de Nid d´Aigle, donde nos espera el Tramway du Montblanc.
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Rápidamente sin quitar la mochila sacamos los billetes combinados con el telesilla de Bellevue.
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Admiramos la espectacularidad del glaciar de Bionnassay y lástima de la cumbre del Aiguille du Bionnassay, oculta entre las nubes. Aunque descendiendo por la arista de Bosses la hemos contemplado claramente.
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A las 18 h todo el mundo monta en este tren cremallera mas alto de Francia y la estación se queda vacía. Menos mal que hemos llegado a tiempo…
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Pero el viaje todavía no ha terminado. Bajamos en la estación de Bellevue, donde deberíamos tomar un telesilla hasta Les Houches, pero éste no funciona debido a la tormenta que comienza a descargar. Van viniendo unos pick-up para rescatar al personal “atrapado” y nos van recogiendo a cuentagotas. En vista a que somos de los últimos en llegar y que hay varias familias que van a ocupar el interior de los vehículos, nos proponen la opción de bajar en el maletero abierto del todo terreno. Aceptamos y bajamos dando saltos a toda velocidad por la pista llena de baches, bajo el agua de la lluvia que no para de descargar. Tras casi media hora de viajecito, nos dejan en Les Houches, donde todavía nos falta coger un autobús hasta Chamonix. Hacia las 20 horas termina nuestra odisea llegando a la furgoneta con la ropa y mochilas caladas. No nos importa, bajo el frescor y la humedad del atardecer sólo deseamos asearnos con toallitas, tomarnos la cerveza, cenar e irnos a dormir.
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Todavía no ha acabado la aventura, ya que al haber dejado material en el refugio de Cosmiques, tenemos que regresar a por él. A la mañana siguiente, Jesús se ofrece voluntario para ir solo, así que vamos a sacar un ticket para el teleférico del Aiguille du Midi. Después de toda la paliza de ayer, no hemos madrugado y a las 8 de la mañana ya nos dan hora para coger el teleférico a las 11. Así que hacemos unas compras por Chamonix. Llegada la hora yo me quedo haciendo las últimas compras y arreglando la furgoneta mientras Jesús sube, recoge el material y baja en poco menos de tres horas. Pasado mediodía, emprendemos viaje de regreso hacia Zaragoza, finalizando nuestra aventura en el Montblanc.
Ha sido un viaje inolvidable con grandes recuerdos para siempre. Muchas gracias Jesús por la compañía.
Índice de actividades Alpes 2018.

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