Cresta de La Munia desde Petramula. La Munia, Pequeña Munia, Sierra Morena, Troumouse, Punta Aires y Heid

Por • 1 Aug, 2017 • Sección: Mis Excursiones

Jesús me propone hacer el Troumouse por la arista E, yo ya lo intenté con Leyre hace unos años y nos retiramos. Me lo vuelvo a pensar, vuelvo a buscar información y pensándomelo mejor, le digo que no me apetece hacer ese recorrido tan expuesto, en el que no sabemos el estado de las sirgas ni de los anclajes de la pared. Que si quiere lo hacemos por la ruta normal desde el parking de Petramula recorriendo la cresta de La Munia íntegra hasta el Heid, 6 tresmiles en total.

Fecha de realización: 16 de julio de 2017
Distancia: 16 km.
Duración: 2 jornadas
Desnivel acumulado: 1.550 m.
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Así que partimos la excursión en dos jornadas, tomando como base los ibones de La Munia para dormir. Preferimos tener el domingo libre para estar con la familia, así que aprovechando que trabajamos de mañanas, salimos el viernes a las cinco de la tarde hacia Bielsa para recorrer la pista de Chisagües hasta el parking de Petramula.
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Es un palizón después de trabajar tener que venir en coche desde Zaragoza hasta aquí, pero es factible. En pleno verano, el día es muy largo y podemos permitirnos el lujo de comenzar a caminar a las nueve de la noche hacia los ibones de La Munia, donde el pico Robiñera nos va escoltando durante el recorrido.
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A punto de llegar al collado de Puertas, justo en el desvío hacia el pico Robiñera, es cuando tenemos que echar mano de los frontales.
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Prácticamente de noche, plantamos el campamento en el primer vivac que nos encontramos, junto al ibón inferior. Nos cuesta hora y media superar los 600 metros de desnivel con el peso de la cuerda, comida para dos días y los sacos de dormir, pero eso que nos hemos quitado para mañana.
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La cena y sobremesa, discurren con increíbles vistas de Monte Perdido y Cilindro de Marboré. La noche posterior, sin la aparición de la luna hasta las tantas, con innumerables estrellas en todo el firmamento.
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Tenemos mucho día por delante, así que no madrugamos demasiado. El recorrido para hacer toda la cresta hasta el Heid y regresar por todas las cumbres de nuevo es muy largo, pero tenemos pensado que si se nos hace muy tarde, pasaremos una segunda noche en el mismo sitio y madrugaremos el domingo para bajar al parking de Petramula y llegar a casa a comer. Finalmente nos dará tiempo a hacer la actividad en el día y volver a Zaragoza, aunque llegaremos a medianoche de sábado.
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Desayunamos contemplando por un lado la ruta a recorrer, y por otro, el glaciar de la cara N de Monte Perdido.
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¿Por qué hacemos montaña? Esta foto es una respuesta clara, no requiere de más comentarios.
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En hora y cuarto, por un cómodo sendero, llegamos al Collado de La Munia.
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Vistazo al Robiñera a la izquierda y los ibones de La Munia donde hemos vivaqueado.
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Pero lo grande está por llegar, la cresta íntegra hasta el Heid, ida y vuelta.
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El recorrido hasta la cumbre de La Munia desde el collado es el más técnico de toda la cresta, con la mayor parte de trepadas donde hay que utilizar las manos. La mayoría de pasos se realizan por la vertiente francesa (N-NW). Además incluye el famoso Paso del Gato, que se supera sin mayores problemas estando medianamente habituados a este terreno. Irene lo supera por una cuerda fija que hay por la fisura de la derecha. Yo lo supero por la fisura de la izquierda y Jesús lo superará por las dos fisuras centrales. Foto de Jesús.
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Se hace un poco pesado, pero por fin, tras hora y cuarto desde el collado, llegamos a la primera de las cimas, La Munia (3.133 m). Increíbles vistas de toda la cara N del macizo de Monte Perdido.
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Lo que nos queda por recorrer todavía. Hasta ahora hemos ido todo el rato a la sombra, a partir de ahora, en toda la cresta no hay lugar donde resguardarse, además de no haber agua en todo el recorrido. Aspecto a tener en cuenta, ya que pasarán unas cuantas horas hasta que regresemos aquí. Suerte que no bajaremos de los 3000 metros de altitud en un buen rato, así que la temperatura tampoco es muy elevada, pero cuidado con la insolación y los rayos UVA del sol.
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Empezamos con la panorámica desde la cumbre de La Munia. En primer término, al S, el Robiñera y los ibones de La Munia. Detrás las Tres Marías y el Collado de Añisclo.
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Al E, Punta de las Olas, Soum de Ramond, Monte Perdido, Cilindo, Marbore, Astazus… Debajo del Pico Añisclo y Perdido, los Braudimont y Esparrets.
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Al NE destaca el macizo del Vignemale y a su izquierda en la lejanía se aprecian Otal, Collarada, Punta Escarra, Midi d´Ossau… en fin, todo el sector de Panticosa.
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Por el N, el valle que sube al circo de Troumouse desde Francia, con el parking para vehículos y la carretera. Aunque no se aprecie en la foto, se distingue claramente en la realidad, así como el innumerable ganado desperdigado por todo el circo.
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Al W, sector Perdiguero, más al fondo Aneto-Maladetas y a la derecha Posets-Bachimala-Culfredas. Bajo nosotros, el valle de Barrosa.
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Y de nuevo al S, volvemos a cerrar el círculo con el Robiñera en primer término. En segundo término, destacan Cotiella y Peña Montañesa.
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Tras comer y disfrutar de las vistas, en diez minutos llegamos a la segunda cumbre, Pequeña Munia (3.096 m). Detrás La Munia.
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Y el sencillo recorrido hasta Sierra Morena. Bajar de Sierra Morena y llegar al Troumouse (detrás a la derecha, aunque no se distinga el trípode en la foto), ya es otro cantar.
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Para llegar a Sierra Morena tan sólo hay que andar. A continuación viene el Troumouse, aunque en la foto no se aprecie el trípode cimero.
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En un sencillo paseo de 20 minutos, llegamos a Sierra Morena (3.090 m), el tercer tresmil del día. Detrás Pequeña Munia y La Munia.
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Y hacia el otro lado, el Troumouse, ahora sí que se distingue el trípode en la cumbre. Mucha gente termina el recorrido aquí, en Sierra Morena, ya que para llegar al Troumouse, hay un buen destrepe con rápel aconsejable. Por tanto, hay que traer material apropiado.
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Hay que destrepar unos metros por una canal bastante expuesta para salir luego a las rocas de la derecha, desde allí se hace el rápel.
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Tras destrepar, me vengo a la derecha (según se baja) y veo que la instalación para rapelar me la he dejado algo arriba. (Se ve una cinta plana abrazando una roca). Me toca remontar.
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Antiguamente debía de haber una instalación en condiciones, con un tornillo bien metido en la pared. No hemos encontrado reseñas ni información actual que lo corrobore. Ha debido de saltar hace tiempo. Tras comprobar la cinta plana negra y azúl que hay en una lazada a una roca, esta se mueve a la primera. Jesús tira el pedrusco “a tomar por culo” y lo amarra mejor en una grieta. El tiempo que tarda en oírse el golpe contra el suelo es tan largo que acojona pensar en la caída que hay.
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Yo no veo la instalación muy fiable para rapelar, así que saco una cinta plana roja de 4 metros de la mochila y la abrazo a un enorme pedrusco que hay justo encima. De esta cinta, que con cuatro metros queda justa (una de tres que es muy versátil y universal no abrazaría) es donde anudamos directamente la cuerda de 50 metros y a través de un maillón, hacemos otro nudo a la otra cinta plana original por si fallara la nuestra. Así la instalación es completamente fiable, ya que va a soportar el peso sin problemas.
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Jesús baja el primero.
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Irena va después, Jesús ya está abajo y detrás nos queda la subida al Troumouse.
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Por último voy yo. Todos vamos con cuidado y sin pegar excesivos tirones a la cuerda. Intentamos destrepar por las pequeñas repisas de las terrazas los pasos que se puede, ya que bajamos en simple y sobre todo en la parte final, la cuerda chiclea bastante.
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Jesús me saca esta perspectiva desde abajo.
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Dejamos la cuerda fija para ayudarnos en la subida y continuamos con la sencilla subida de escasos diez minutos hasta el Troumouse (3.086 m), cuarto tresmil de la jornada.
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De donde venimos.
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La cresta hasta el Heid se ve a tomar por culo, así que Irene decide quedarse aquí y esperarnos. Jesús y yo emprendemos la cresta con una perspectiva de los bonitos ibones de Barroude.
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Se puede progresar por la misma cresta en un terreno bastante técnico o por la vertiente W siguiendo trazas por penosas pedrizas inestables
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Jesús se adelanta algún tramo, momento que aprovecho para sacarle a lo lejos y él para sacarme otra foto a mi en esta placa lisa tan peculiar de la arista.
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Con la sensación de que nos dejamos algún tresmil por el camino, llegamos a la cima de Punta Aires, siendo que anteriormente, había una cota claramente superior, que no debe de tener la prominencia suficiente para ser catalogada como tresmil. Nos tenemos que fiar del mapa del GPS pero para nosotros, anteriormente hay una cota más alta que Punta Aires.
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Realmente, no queda claro si Punta Aires es un tresmil o no, ya que ha debido ser quitado de la lista oficial de tresmiles. El número de cumbres ya es lo mismo, lo importante es la actividad que estamos realizando en altura, así como el recorrido por el cresterío. Llegado a Punta Aires, nos planteamos darnos la vuelta, ya que es la una del mediodía y el Heid se ve todavía bastante lejos. Estamos un poco desanimados del penoso terreno descompuesto y pedrizas perdedoras, así que nos entra un momento de bajón. Finalmente decidimos continuar para adelante ya que si no, el Heid queda muy a desmano por el palizón de coche que hay que pegarse. Si se nos hace tarde, pasaremos una segunda noche en los ibones de La Munia. En la foto, Heid visto desde Punta Aires.
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Y menos mal que decidimos continuar. Al final, tan sólo fueron 20 minutos desde Punta Aires y ya tenemos el Heid (3.022 m) en el bolsillo. La hora de cresta recorrida desde el Troumouse bien ha merecido la pena para conseguir el sexto tresmil.
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La misma foto pero en panorámica con el macizo del Perdido y el valle del circo de Troumouse.
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Picamos algo de comida rápidamente y emprendemos el regreso a toda velocidad. Queda mucho de vuelta e Irene ha ido regresando ya la cresta de vuelta. Así que tras llegar de nuevo al Troumouse, seguimos deshaciendo el camino. Nos toca remontar la subida a Sierra Morena, donde nos ayudamos de la cuerda que hemos utilizado para rapelar y hemos dejado fija. Los tres primeros metros iniciales son los más complicados, ya que la roca hace una barriga.
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Jesús va primero y me espera en una cómoda repisa hasta que supero yo esos primeros metros. La cuerda ayuda bastante, sobre todo para equilibrarse.
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El resto de subida es bastante cómoda, ya que está llena de pequeñas terrazas. La cuerda no es imprescindible, pero no está permitido un traspiés.
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Voy con la cuerda lazada a la muñeca y recogiendo según remonto, por si tuviera un patinazo, pero la subida es bastante sencilla.
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Seguimos deshaciendo la cresta en sentido inverso, a continuación remontando hasta Pequeña Munia y luego La Munia. Desde este punto, el más elevado, empezamos a descender la cresta hasta llegar de nuevo al Paso del Gato, donde hay un buen tornillo metido en la pared para colocar una cuerda y rapelar o destrepar asegurado.
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Nosotros lo bajamos igual que lo hemos subido. Aquí bajo yo visto desde arriba
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Y a continuación bajan Jesús e Irene vistos desde debajo. Por cualquiera de las tres fisuras se puede bajar, nosotros bajamos por la derecha, ayudándonos de la cuerda fija.
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Y por fin regresamos al Collado de la Munia, contemplando de nuevo el cresterío realizado.
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Por fin con bastones descendemos hasta los ibones, viendo los numerosos grupos de montañeros que van cogiendo sitio para hacer noche y recorrer la cresta mañana domingo.
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Nosotros, satisfechos, decidimos que aunque sean las seis de la tarde, vamos a recoger los sacos de dormir y vamos a emprender el descenso hasta Petramula. Preferimos llegar a Zaragoza aunque sea a medianoche y dormir en cama y duchados. Nos despedimos desde el collado de Puertas.
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Y al otro lado del collado el desvío que remonta a Robiñera y el descenso hacia abajo.
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Tras un tortuoso descenso de 1.500 m acumulados, llegamos al parking de Petramula.
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Nos cambiamos de ropa, estiramos, comemos algo y emprendemos la interminable pista hasta Chisagües, donde llegamos alrededor de las nueve de la noche. Y casi a las doce en casa, pero mañana es domingo y no hay que madrugar, así que estamos más que satisfechos con la dura jornada realizada.

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