Faja de las flores y noche de supervivencia

Por • 3 Nov, 2010 • Sección: Mis Excursiones

¡Estoy vivo!, ¡Estamos vivos! Lamentable o afortunadamente, es así como he de comenzar a escribir esta noticia. Lamentablemente debido a que he tenido que pasar una de las jornadas más duras de mi vida en montaña, y afortunadamente porque lo puedo contar, aunque no es así como quería comenzar a escribir la noticia, como decía.

Llegaremos a su momento con la parte trágica (adelanto que es vivaquear en medio de una nevada con ventisca, niebla y visibilidad cero), porque voy a comenzar a escribir como debería haber sido en condiciones normales esta excursión.

Hablar del fin de semana del cambio horario de otoño, es hablar de Ordesa. Ver el cambio de color de las hojas de los árboles, el manto de ellas cubriendo el suelo, el contraste de coloridos verdes, amarillos, rojizos y marrones. Ya van varios años haciendo la misma actividad. El año pasado tocó por la Senda de los Cazadores y la Faja Pelay hasta el refugio de Góriz. Este año teníamos previsto Alfonso, Lorenzo, Rafa, Sergio y yo hacer la Faja de las Flores e ir a dormir al refugio de Góriz, para pasar los dos días del puente de Todos los Santos y hacer picachos por allí. En mi mente estaban el Marboré y el Monte Perdido.

La previsión meteorológica no era buena, dando lluvias por la noche del viernes y la del sábado y ventanas de buen tiempo para el sábado por la mañana, domingo inestable y un lunes despejado pero ventoso. ¿Qué ha pasado al final? Nieve, nieve y más nieve. Todos los días. Alfonso y Lorenzo, dado que sólo iban a hacer la Faja de las Flores y volverse deciden dejarlo para otra ocasión con solecito y Rafa, que venía desde Barcelona, no tiene reserva en Góriz y como está completo, tampoco viene.

Sergio y yo salimos el sábado 30 de octubre esperando aprovechar la mañana ya que el frente iba a dejar lluvias por la noche y el resto del día iba a estar despejado. Del resto de días… pues aprovecharíamos las ventanas de buen tiempo que hubiera para intentar hacer algo. El caso es que a las 9 de la mañana empezamos la subida por el Circo de Carriata con el impresionante Tozal de Mayo.
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Al llegar al desvío, nos vamos por la Fajeta, ya que Bond no puede pasar por las clavijas y al superar las fajeta, necesita ayuda en algún paso.
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Una vez superada la Fajeta de Carriata, aparece la nieve. Primera sorpresa del día. El miércoles no había nieve hasta los 2800 metros y esta noche, ha caído nieve a 2.000.
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Sin presagiar lo que nos queda por delante, comenzamos la Faja de las Flores con nieve recién caída. Se trata de una de las excursiones clásicas de Ordesa, un pequeño sendero que transcurre en lo alto del valle de Ordesa. La Faja de las Flores es un corredor de unos 3 km de longitud que en lo alto del Valle de Ordesa nos ofrece una vista privilegiada del mismo. No se trata de una excursión fácil ya que hemos tenido que superar más de 1.000 metros de desnivel así como el paso por unas clavijas o la fajeta como alternativa.
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A las dos y media, al salir de la Faja de las Flores nos comemos el bocadillo. El tiempo empeora, comienza a nevar y hay mucha niebla en el valle hacia la Brecha de Roldan.
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Conforme nos adentramos en el valle hacia el Pico Descargador, la niebla se cierra y el tiempo empeora bruscamente. No se por qué no se nos ocurre volver. Imagino porque tendríamos mucho rato de recorrido y de descenso, y hemos ganado muchísima altura para llegar hasta el refugio. Además, nos hemos encontrado con un grupo de cuatro (Jesús, Raquel, Luis y Juanjo) que van haciendo la misma ruta que nosotros. Ellos, son un subgrupo de 30 miembros de un club de montaña de Madrid que se ha dividido para llegar al refugio de Góriz por diferentes sitios. Quién nos iba a decir las aventuras que íbamos a pasar juntos.
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El caso es que la expedición de seis nos hacemos fuertes y tiramos adelante sin visibilidad. El objetivo es el collado del Descargador pero inexplicablemente, nos desviamos por completo hacia el collado de Salarons. Veo que la ruta que llevamos no es correcta pero es demasiado tarde para retroceder y el rumbo que yo indico parece que no nos lleva más que hacia paredones así que seguimos subiendo hacia el collado con intención de girar después y corregir el error. Al llegar al collado de Salarons, Jesús quiere seguir unos hitos… ¡que van al norte! Menos mal que soy el único que llevaba brújula porque si no, hubiéramos acabado en la Brecha de Roldan, aunque seguramente no la habríamos visto ni aún teniéndola delante. He de decir que si no llega a ser por la brújula, no se lo que hubiera sido de nosotros. Después de un gran rodeo que nos ha costado casi una hora extra seguro, por fin llegamos al Collado del Descargador. Retroceder es igual de mala idea que seguir hacia delante pero creo que nadie imaginaba lo duro que se nos iba a hacer todavía.
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Seguimos hasta el collado de Millaris y aparentemente, cogemos la Faja Luenga. Digo aparentemente pero en esas condiciones ya no estás seguro de nada. La visibilidad ya no se puede llamar así y las opiniones de cada uno varían. Sergio y Jesús conocen el terreno de haber estado en verano y dicen que estamos en una zona kárstica, así que nos estamos moviendo en un terreno muy peligroso. Además son las 8 de la tarde y la luz reflejada en la nieve desaparece por completo.
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A partir de aquí, se acabó lo bueno. Eres consciente de que la cosa se complica y que si era difícil progresar de día, de noche con los frontales… ni te cuento. El frío se intensifica y la cámara de fotos permanece guardada para que no se congelen los dedos de la mano. No hay ganas de hacer fotos, no hay ganas de gastar energías inútiles. Ante la peligrosidad del terreno, en el que abriendo huella me he metido hasta el pecho en un agujero, decidimos dar la vuelta hasta el collado de Millaris nuevamente. Sergio y Jesús insistían en que el terreno era peligroso cubierto de nieve. Otra hora perdida. El caso es que no estábamos lejos, pues oíamos ladridos de perro en el refugio. Con los silbatos hacemos la llamada de emergencia pero nada. Llamamos al 112 para avisar de dónde estamos, pero también es inútil. Queremos que nos lancen una bengala pero es imposible comunicarnos.

De vuelta en el collado de Millaris, Sergio localiza unas huellas muy marcadas. Pensamos que es nuestra salvación, pero nada más lejos de la realidad, como por arte de magia, unas huellas bien marcadas desaparecen a la media hora más o menos, fruto de la ventisca. Sigo dirigiendo con la brújula rumbo 90º. Vamos bien, tan sólo he de comprobar que nos movemos dirección este. Además, el camino nos lleva siempre por un “aparente” fondo de valle en el que vamos encontrando algún hito de vez en cuando con la luz de los frontales. Nos extraña no perder más altura y a esas horas de la noche, se hace eterno. Todavía tenemos que perder 200 metros según los altímetros y el maldito valle no hace más que llanear. A las 12 de la noche, incluso parece que quiere remontar así que nos damos por vencidos.

No sabemos qué hacer, si seguir caminando toda la noche para no entrar en frío, buscar un refugio… las ideas son varias y sobre la marcha. Creemos que estamos cerca del refugio pero ya no sabemos qué pensar. Sergio señala el primer hoyo que ve. Directos a él. –No tiene mala pinta. – Pues parece grande para todos. Con la ayuda de los piolets quitamos la nieve caída y comprobamos que el agujero no desaparezca en el infinito como un sumidero. Rellenamos los bordes con la nieve de la base y cada uno se acomoda como puede y donde puede. La montaña nos ha vencido, no hemos podido hacer nada más. Aquí es donde yo me doy cuenta de que la cosa está muy jodida. Hasta ahora tenía fuerza para llevar todo el rato el rumbo con la brújula, para abrir huella si era necesario, para dar opiniones, mirar plano, buscar hitos… pero una vez en el agujero las fuerzas se desvanecen. A partir de ahora, cada uno va a vivir su propia historia de supervivencia.

Se que hay que abrigarse bien así que hago un esfuerzo titánico para quitarme los pantalones y ponerme los pantalones de esquí, quitarme el gore-tex y ponerme el polar debajo. Me abrigo de nuevo con el gore-tex, el chubasquero encima, el gorro de nuevo en la cabeza más sendas capuchas del gore y el chubasquero. Los guantes de neopreno de barrancos + guantes de esquí. El segundo par de calcetines de recambio encima de los que ya llevaba. Ese esfuerzo de sacar las cosas de la mochila te deja muy tocado y con las manos heladas. No tengo fuerzas ni calor suficiente en las manos para abrir la comida así que ni si quiera ceno ni bebo, aguanto con una barrita que me he comido a las 7 de la tarde. Y es más de media noche. Me ofrecen comida y la rechazo, pues soy consciente de que si me pidieran ayuda, yo no iba a estar en condiciones de poder hacer nada por nadie. Llevamos 15 horas caminando y con 13 kilos de peso en la mochila.

Foto: izquierda Jesús, encima Bond en la rampa de acceso, al lado dentro del saco cubierto por la manta térmica, Sergio. Con gafas de ventisca y comiendo “conguitos”: Raquel, a su izquierda Luis
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y detrás de Jesús, en la rampa que sigue bajando hacia el fondo tras el giro, Juanjo dentro del saco.
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Yo en la esquina entre las dos rampas.
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La una de la madrugada, nos toca vivaquear a la intemperie bajo la nevada. Cada uno en su sitio a pasar la noche lo mejor que pueda. Jesús y yo, no tenemos saco pues llevamos el saco sábana para pasar la noche en un refugio. Los que han dormido en saco, tampoco es que lo hayan hecho mucho mejor. Juanjo estaba con gastroenteritis el día anteior, Sergio se ha cubierto el saco con una manta térmica y todo el sudor le ha empapado, Jesús no ha pegado ojo en toda la noche, sin saco, ha permanecido sentado moviendo los brazos y manos. Yo me he acurrucado en un hueco de cuclillas y con los brazos en cruz para mantener las manos pegadas al cuerpo he dormido.

Noche de tiritonas y dormir. Tan pronto me entraban unos temblores tremendos como me dormía. La nieve se acumulaba sobre mis brazos y me despertaba a la media hora congelado. Así toda la noche. Veía a Jesús delante de mí tiritando igual que yo. No podía hacer nada por él ni por nadie. Tan sólo quedarme quieto y mantener toda la energía posible en el cuerpo. Del resto, no sabía nada, todos metidos en sus sacos pero pasando también su calvario particular. Son momentos en que eres tú o tú.

No se a qué hora de la noche, Jesús está pasando bastante frío y me sugiere si el perro no nos daría calor… A mi me apetecía que estuviera con nosotros pero no lo quería meter porque me parecía mal que nos quitara sitio y más a los cuatro madrileños a los que no conocíamos. Además sabía que Bond no iba a pasar frío arriba. Él se excava un hoyo, se hace una bola y no tiene problemas. El caso es que como me lo sugieren, yo encantado. Le digo a Jesús que si quita una mochila que hay en medio de la rampa, igual se atrevería a bajar. Al final resultó que esa mochila se la puso encima de las piernas, le dio bastante calor y le protegió de la nieve. Pero Bond, aunque quiere, no se atreve a bajar. La rampa es bastante empinada y hay caída hacia donde están Jesús y Juanjo. A mi me apetece que Bond esté con nosotros así que hago el esfuerzo de levantarme y arrastrarlo del arnés. Se coloca entre mis pies y la espalda de Jesús. Le digo que si estira un poco más la cabeza llegará a recostarse sobre el cuerpo de Bond, pero no llega a estirarse más. La verdad es que estoy visualizando momentos impresionantes, que quedarán en la retina de cada uno, pero nada más. La cámara de fotos sigue guardada. No tengo fuerzas de más, a pesar de que me gustaría hacer una foto de cada uno en su momento crítico y de Bond a mis pies enterrado bajo un palmo de nieve.

¿Alucinaciones? A otra hora de la noche, Luis dice totalmente convencido que ha oído ruidos de silbato. Esperas que alguien se levante pero no se mueve ni Dios. Le pregunto si está seguro y me dice que los ha vuelto a oír, (nadie más oye nada) y de repente exclama que está viendo frontales. Salgo disparado de donde estoy, tengo que trepar arrastrando el cuerpo ya que tengo las piernas entumecidas. No se quién viene detrás de mí. Gritamos –aquí, aquí, Goriz. No hay ni rastro de Blas. Bond, que ha salido fuera, está más cómodo en el exterior que con nosotros así que se queda fuera. Me vuelvo a “mi cama” en medio de una gran tiritona provocada por la ventisca de salir fuera. No tengo fuerzas para volver a bajar a Bond y echarmelo sobre las piernas, que me hubiera protegido de la nieve. Llega un momento en que dices, -que pase lo que tenga que pasar. Jesús, un auténtico crack, se aburre porque no quiere dormir y nos cuenta todas sus historias de montaña. A mi me suena como un cuento maravilloso que me deja profundamente dormido.

Congelaciones. A otra hora de la noche, ya no se si antes de lo que he contado hasta ahora o después, noto como los dedos de mis pies se van congelando poco a poco. Intento moverlos pero es inútil. La bota no me da espacio para ello. Lo único que puedo hacer es golpear un pie contra otro para reactivar algo la circulación. Ha sido un error no cogerme las botas semirrigidas invernales. Pero se suponía que donde estábamos en estos momentos, hacía dos días no había nada de nieve. Menos mal que aunque no sean botas invernales, llevan gore-tex y tengo los pies secos, pero el frío sobrepasa los dos pares de calcetines. Durante la noche, los momentos de pensar son más que los de dormir y tengo asumido que congelaciones en los pies es lo mínimo que me puede pasar. Ni si quiera me preocupo porque tengan que amputarme algún dedo, es algo que llegas a asumir. Lo importante es salvar la vida. Al final no ha sido nada grave, salvo que todavía los tengo insensibles y con hormigueos. Respecto a las manos, me sucede lo mismo con el dedo meñique de la mano derecha, ahora mismo, mientras golpeo las teclas del ordenador. Menos mal que la Ñ se escribe pocas veces. No puedo decir lo mismo de la letra P.

La temperatura. Supongo que estaría entre -5ºC y -7ºC ya que hablando al día siguiente con gente que durmió en el Ibón Helado con tiendas de campaña el mismo día que nosotros, me dijeron que a las 5 de la tarde estaban a -2º C. Nosotros estamos pasando noche a 2.440 metros, un poco más bajos que ellos, pero de noche, así que más o menos, calculo que podría ser esa temperatura ya que además, las bolas de nieve caían completamente heladas. No se fundían y helaban las mochilas y todo sobre lo que caían. Pero tampoco puedo decir con exactitud la temperatura. Suponía mucho esfuerzo quitarme el reloj para que me marcara la temperatura real y volver a ponérmelo después helado. No merecía la pena, suponía mucho consumo energético. Igual que hacer una jodida foto. A pesar de todo, en ningún momento he visto la muerte de cerca. Estaba convencido de que saldríamos adelante.

Amanece. Por fin amanece. Ya no se a qué hora real puesto que esta noche han cambiado la hora. No se si la han alargado o acortado pero a nosotros se nos ha hecho eterna. Conforme se hacen las luces del día, hablamos para despertarnos. Llevamos un rato hablando todos. ¿Seguro? Juanjo, el más apartado de todos y enterrado en su saco cerrado herméticamente no ha dicho una palabra. Ayer estaba realmente flojo y con gastroenteritis. Yo me temo lo peor… pero da señales de vida. Levantarse resulta muy jodido, pero realmente queremos salir de este agujero y comenzar a movernos. El día sigue igual de pésimo que la noche. Niebla, nieve y ventisca, pero hay que salir y comenzar a mover el cuerpo. Mis pies necesitan moverse de una vez antes de que los dedos acaben por partirse.

Desayuno. Mi desayuno: dos croissants pequeños congelados. No tengo fuerzas para abrir la mochila en busca de agua. En 15 horas no he comido más que una barrita y dos croissants. Para recrudecer más las cosas, no he bebido un solo trago de agua. Sé que hay que alimentarse e hidratarse abundantemente pero en estos momentos, estoy bien, el cuerpo no me pide nada. Físicamente me encuentro perfectamente en que empezamos a caminar. Pero todavía no podemos, ¡Juanjo sigue dentro del saco! Les digo a sus compañeros que le digan algo y Juanjo da muestras de flojeza. Exclama que no puede, que está sudando y que tiene 38 de fiebre. Realmente, pensaba que teníamos una baja. Al rato, bajo y le digo seriamente: -Juanjo, tienes que levantarte ¡ya! Por fin lo hace.

Abandonamos nuestro hogar.
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Salimos, pero ¿hacia dónde? Jesús cree que hemos dejado nuestro valle de bajada a nuestra izquierda, que tenemos que remontar el valle un poco y salvaremos el murallón que tenemos delante. Nadie aporta más ideas así que como en muchos ratos del día anterior, le hacemos caso. Remontamos de nuevo hacia el collado de Millaris. A la media hora, vemos que la cosa no tiene sentido. Sergio dice que subir es para volver a bajar, Jesús se da cuenta de que detrás de los murallones no hay nada, más que lo que yo decía, que no nos hemos apartado de la muralla de tresmiles de la Torre, la Espalda del Marboré y los Picos de la Cascada y Sergio dice que subir es para volver a bajar.

Digo que remontar valle arriba hacia donde veníamos ayer es un error, ya no sabemos si nos hemos pasado del refugio o no, pero volver hacia arriba en las condiciones en las que está la meteo y con las fuerzas y la noche que hemos pasado es mala idea. Propongo seguir valle abajo, esperando que nieve con menos intensidad, la niebla levante y tengamos mejor visibilidad. Ir tirando para el sur siempre que el terreno lo permita pero perdiendo altura, algo importantísimo. En el peor de los casos, acabaremos en la Cola de Caballo, allí podemos esperar que haya gente y que alguien avise a un helicóptero. Ese es el plan así que desandamos la media hora de nuevo hasta nuestro agujero en el que nos hemos refugiado y tiramos otros diez minutos más. Entonces, Raquel, que va abriendo huella, nota en Bond un comportamiento extraño y diferente al de las 17 horas anteriores desde que lo conoce. Se ha parado y ha levantado las orejas. Raquel no entiende por qué lo hace y sigue hacia delante. Al instante, vemos aparecer por una loma una cabeza, luego un cuello, hombros, un tronco… ¡es una persona! Increíble, nos encontramos con alguien y cuando veo que viene con un perro, enseguida me doy cuenta que es uno de los guardas del refugio de Góriz.

La salvación. Varios de mis compañeros se ponen a gritar como locos de alegría. –Aquí, aquí. Tengo que decirles que ya vale, que nos ha visto, de hecho viene hacia nosotros y nosotros nos dirigimos hacia él. Que no se va a escapar. Son momentos como de incredibilidad, no te crees lo que estás viendo, lo tienes delante y sigues gritando. Joan Maria llama por radio para avisar al resto de grupos que cancelen la búsqueda y nos cuenta el dispositivo que han montado entre guardas del refugio y compañeros del club de montaña de los desaparecidos. Ellos peinando la zona desde el refugio de Góriz hacia Millaris, otros por Faja Luenga (un poco por encima) y otros por el camino hacia el Monte Perdido y retrocediendo hacia Millaris nuevamente. Cada hora se iban a avisar por radio para darse novedades. Además, la Guardia Civil de Montaña iba a comenzar la búsqueda desde la Faja de las Flores. Menuda la hemos armado. Gracias a todos, de verdad. Nos ofrecen los termos, coca colas, aquarius…

La verdad, es que Joan Maria nos dice que estamos a 30 minutos del refugio. Efectivamente, teníamos que seguir descendiendo en altura, 200 metros escasos, valle abajo como íbamos y hubiéramos dado con él. Pero no habríamos llegado por donde nos llevó él. Nos encontramos con el circo de Góriz y la bajada por donde la veíamos era imposible. Él hizo una huella casi vertical y enseguida llegamos. Seguramente, nosotros hubiéramos dado un rodeo mucho mayor.

Una vez en el refu (a las 11), nos dan de desayunar, nos calentamos un poco, secamos ropa, etc etc.
Izquierda: Juanjo, Raquel y Luis. Derecha: Sergio, yo y Jesús.
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Una vez desayunado y acomodado y acostumbrado a Bond en la entrada del refugio, entrando y saliendo para que sepa donde me encuentro y que su sitio es la entrada, me acuesto a dormir la siesta y reponer fuerzas. Por fin, 29 horas después, puedo quitarme las lentillas. No hay daños en los ojos y tampoco hay daños serios en los pies más que el hormigueo y la falta de sensibilidad. Juanjo ya lleva un rato durmiendo y más tarde vienen Luis y Raquel. Sergio y la nicotina, mantienen a Bond vigilados en la puerta mientras duermo y el crack Jesús se mantiene en vela charlando con todo el mundo como si para él hubiera sido un día normal.
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Así pues, esta es la historia de un día muy largo y una noche más todavía. A pesar de todas las penurias, el grupo nunca se ha roto, nunca ha habido malos rollos, siempre hemos estado motivados y hemos hecho piña. Se han pasado momentos muy jodidos, pero no he visto la muerte cerca en ningún momento. Como nota, hay que apuntar los cambios tan bruscos de tiempo que puede haber en montaña. En el refugio, 200 metros más bajo de donde hemos dormido, nos dicen que hacía tres noches no había nada de nieve, cuando llegaron el sábado había tres dedos y la noche que pasamos nosotros al raso, cayeron dos palmos. Ese fue el motivo de nuestra desorientación, no poder ver ninguna senda, mojones y además no tener ninguna referencia visual por la niebla, la nieve que seguía cayendo y la ventisca.

Gracias a todos los guardas y a todo el mundo que se haya movilizado, tanto por nuestra búsqueda, como por el trato recibido en el refugio.

Pero la cosa aún no queda ahí, aún nos queda un día de “vacaciones” el día de Todos los Santos. Para no desentonar, el día amanece con una nueva nevada y más ventisca. Tercer día que nadie sube al Perdido ni más arriba del ibón helado, así que todo el mundo tiramos para abajo, a la pradera de Ordesa. Cerca de las clavijas la visibilidad comienza a mejorar.
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Desde la cola de caballo, la nieve se convierte en una lluvia bastante fuerte que nos acompaña hasta el parking desmereciendo un paisaje otoñal tan precioso como este.
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8 comentarios »

  1. Joer, me alegro de que todos estéis bien, pero especialmente de que tú y Sergio lo estéis, porque os conozco y eso, y que se haya quedado en una mala noche a recordar toda la vida pero no en temas mayores….

    en serio, me alegro mucho!

  2. Hola, yo soy uno de los siete que durmió en tienda de campaña un poco mas abajo del ibon helado, recuerdo hablar con uno de vosotros en las puertas del refugio. Nosotros ibamos preparados con tiendas, ropa, comida, gas, GPS y fue bastante duro. Supongo que esta ha sido la experiencia mas dura de vustra vida. Me alegro que saliera todo bien i volvais a disfrutar de la montaña.
    Saludos

  3. Hablaste conmigo, con el autor del blog. Nosotros ibamos preparados únicamente con ropa de bastante abrigo y comida. Cuánto hubiéramos dado por una tienda. Un saludo.

  4. he padecido al leerlo. una vez pasé algo parecido haciendo noche también. lo importante es la unidad del grupo para poder seguir adelante. yo, desde entonces,soy de las atrevidas y hoy por hoy cuando cambia el tiempo la primera en decidir dar la vuelta soy yo

  5. ¡Menuda aventura! Me alegro de que estéis bien. Es el primer post de tu blog que me he leido entero a pesar de que ya conocía el final feliz…

  6. tubisteis suerte, la temperatura debió de ser razonablemente alta para la epoca, la altura y la condicion meteorologica, si no estariamos hablando de una desgracia ……al primer sintoma deberiais haber dado la vuelta….la montaña no se va ha mover de dodnde está y vida no tenemos mas que una.

    un saludo.

  7. Menuda experiencia, me alegro que finalmente saliera bien. Yo soy una enamorada del Pirineo Aragonés pero nuca he ido en esta época.
    Finalmente, estas experiencias (que siempre es mejor evitar) te ayudan a saber cuando y como tienes que reaccionar … Joan Maria una gran persona y deportista, en una ocasion tambien nos sacó de un pequeño apuro, gente muy cercana.

    Un saludo.

  8. Buenas chicos, nos alegramos mucho de que esteis bien y listos para hacer mas excusiones juntos.
    Ya habiamos oido algo de vuestra historia por Alfonso pero la lectura es aun más trepidante.
    Cuando querais montamos una practica de refugios de circustancias en nieve. Patri dice que no sabe si volver a ir con nosotros despues de lo que sufrió en el Posets y ahora leer esto. Pero la convenceremos.

    Un abrazo muy fuerte y a ver cuando nos vemos por aqui o por alli.

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